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Bueno. Así es como definiría ese gag de Monty Python.
El caso es que estaba trabajando y empiezo a tener la espalda bastante cansada y la musculatura bastante dolorida. Muchos de vosotros diréis que es normal para alguien que lunes, miércoles y viernes entrena y, además, martes y jueves voy al gimnasio. El partido de los fines de semana no sé si contarlo porque es con una carga de estrés mucho menor, pero bueno. Por otra parte trabajo, extraña costumbre que tenemos la mayoría, suelo trabajar desde las 8:30h de la mañana para salir entre las 18:45 y las 19:30 horas. Pero sólo de lunes a jueves, los viernes puedo considerarme uno de esos afortunados que "tiene fiesta" por la tarde, con lo que trabajo de 8 a 15, pero el tonto de mi trabajo algo por inicitiva propia (nota mental: la iniciativa debería ser abolida).
Hagamos un pequeño recuento: -Lunes, miércoles y viernes: Me levanto a las 07:00h, trabajo unas nueve horas al día y luego hago cerca de 40 quilómetros para ir a entrenar durante 2 horas. Me acuesto sobre las 00:30h.
-Martes y Jueves: Me levanto a las 6:45 para ir al gimnasio, sigo trabajando las nueve horas de cada día (y que no falten...)
Además de que todos los días me lavo, me peino, me plancho y me cocino.
Como esbozo de mi día a día no está mal, no es de extrañar mis problemas mentales y no es difícil atisbar qué los propicia.
No os preocupéis que me estoy acercando a lo que quiero comentar. Paciencia. Pero para llegar necesito contaros más, necesito daros algo más de mi... de mi puesto de trabajo.
No hay ningún tipo de lujo, como mucho el lujo lo pongo yo con la elegancia que me caracteriza, ni ningún tipo de nada. Por no haber no hay ni ventanas, en aras del "entorno productivo controlado". Eso sí, en mi mesa hay dos ordenadores, ¡DOS! ¡DIOS!
A veces pienso que debo parecer, salvando las distancias, Jean Michel Jarre. Rodeado de teclados y, en mi caso, ratones y teléfonos. Con un book en la parte derecha de la mesa que limita mi movilidad, está todo más que ajustadito.
YA HE LLEGADO. Aquí quería llegar yo. Y es que con todo este sarao de vida que llevo, que todos estamos de acuerdo en que debemos tener nuestra vida al margen de lo laboral, y el espacio que tengo para trabajar las posturas que debo adoptar delante de las pantallas me mata (y ahora vuelvo a conectar con una de las frases del inicio), me está haciendo polvo la espalda. Claro, cuando estás destrozado no paras de moverte, de una posición a otra, apoyando un brazo ahora, el otro después, incorporándote más, dejándote caer, echándote a los lados, inclinando la cabeza.... He llegado a plantearme el escribir el "Kama Sutra ante la pantalla", conozco todas las posiciones posibles. Y eso que ahora las pantallas son mejores, más planas, más grandes, más manejables en cuanto a luz, brillo, contraste y colores. Cosas que hacen que estés más agusto delante de ellas, pero se han olvidado de una cosa: nosotros, nos movemos.
¿Alguien lo ha pensado? Alguien se dá cuenta que no estamos quietos como estátuas, o rígidos como robots, o como si tuviésemos un palo por... por ejemplo. Y entonces ha sido cuando me ha venido la idea a la cabeza, una idea que seguramente es estúpida (me lo podéis decir que, a mi, plin). A día de hoy hay cámaras, sensores de movimiento y reconocimiento, motores, brazos articulados y una suculenta subvención. Eso es lo que necesito para crear la pantalla que se adapte a los movimientos de nuestra cabeza en función de la posición de los ojos.
Debería haber un Ministerio de las Ideas Absurdas, por que seguro que alguna es una buena solución a un problema común.

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