|
Sí, al fin unas siglas por título. Parece que, últimamente, si no perteneces a una organización independientemente de la índole que sea no eres nadie. O eres trabajador de CMT, estás afiliado al PSOE, PP o incluso a la AVT, y desde que te hiciste socio del RACC te regalaron un año gratis en la OCU. No me he atrevido a poner ningún ejemplo con SGAE porque podría ser que alguno me bajase, directamente, del Cielo en el que estoy al más profundo de los infiernos.
Claro que el problema radica en la falta de imaginación que en general tenemos, todos, incluido un servidor de ustedes.
Vamos a ver, que lo que quiero escribir no tiene nada que ver con lo hasta ahora escrito, que lo que quieren decir las siglas del título es Glorioso:
EL PLACER DE CAER MAL
Efectivamente caer mal no debe ser ningún trauma. Saber caer mal es, además, un placer.
Echad la vista atrás en el tiempo y recordad esos tiempos en que ya dominábamos la vida nocturna, teníamos nuestra pequeña red social creada y estábamos absolutamente receptivos a todo además de andar buscando nuevas sensaciones. Siempre tratando de expandir nuestra persona y personalidad, cuanto más mejor, tratando de ser aceptados por el máximo número de personas, intentando gustar siempre y a todos.
Por más que ahora reneguemos de aquello TODOS lo hicimos, si alguien lo niega es un elemento claro de fracaso en ese campo. Bien, llegados a este punto de partida diré, reconvirtiendo una frase tópica conocida por todos, una gran verdad que sólo se puede ver desde la humildad y la distancia en el tiempo: "Juventud, divino error". Así es, cuando somos inexpertos buscamos la complacencia de todos, tanto sean de nuestro propio sexo o del contrario, e independientemente del objetivo; pero hete aquí que van pasando los años y nosotros hemos adquirido ese comportamiento de intentar gustar y caer bien a todo el mundo, vamos adquiriendo vivencias, experiencia además de ir corrigiendo y suavizando las conversaciones formales depués de soberanos tropezones. Por ejemplo, tú te enteras que unos que fueron "amigos" nocturnos se han casado hace unos años y te los encuentras, con dos minutos basta para agotar la conversación, pero torpemente aunque con buena intención amplias tu sonrisa y sueltas a bocajarro: "¿Qué? ¿Y los niños para cuándo?"... A lo que te responden que era su sueño pero que él o ella no pueden. En ese momento deseas que te trague la tierra e inventas una excusa, mala, burda y torpe para huir.
Lo gordo, que si analizamos un poquito más en profundidad, es que este comportamiento es la semilla en terreno abonado para que brote la hipocresía. Dios, qué asco le tengo a este defecto. El sonreir, dar la razón, estar siempre de acuerdo cuando en realidad no lo compartes, fingir una relación buena en lugar de buscar la realidad de una relación absolutamente aséptica en la que no exista agresión, PEEEEERO.... Como es el comportamiento esperado no gusta encontrarse con la dura pero gratificante realidad, la del "no me importas un pimiento pero te necesito para..." lo que sea.
Tengo que reconocer que en los últimos años me he especializado en caer mal a quien no me importa caerle mal, no sabéis la de compromisos estúpidos de los que me he librado y la verdad es que la gestión de la gente que forma parte de mi vida se ha optimizado de una manera espectacular. Eso sí, la gente a la que veo sabe que de verdad los quiero ver.
Pensad a quién le estáis sonriendo a diario cuando no os sale de dentro, las conversaciones absolutamente insulsas y vacías de contenido para vuestros intereses, las comidas y cenas a las que no os apetecía ir y la cantidad de dinero que habéis dado en el trabajo porque alguien se casa, cumple años o le ha nacido un crío, o si te pasa algo de lo anterior en primera persona invitar a la gente a algo.
Adoro que la gente no sepa cuándo es mi cumpleaños, que no sepan cuándo es mi santo ni qué celebro en realidad - si es que celebro algo - aunque tampoco me importaría que lo supieran porque se quedaban sin ágape by the face. Y además no me importa ni me afecta lo que piensen, ni si es bueno ni si es malo, así que os invito a que me digáis lo que querás, que si alguien me quiere felicitar que lo haga y si me queréis insultar, pues disfrutad.... ¡SALUD! |