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Guión: Un aterrador fenómeno se está produciendo en Tokio, amenazando con extenderse por todo Japón.
Un día como cualquier otro, en una escuela de las afueras, los alumnos entran en sus clases y encuentran las pizarras tiradas en el suelo. Las mesas y las sillas están amontonadas contra las paredes. Después del cachondeo inicial, las broncas con los pelotas y empollones, y las recriminaciones de los conserjes, profesores y directores, todos se ponen manos a la obra con la intención de ordenarlo todo y retomar las clases lo más pronto posible.
En el momento en que intentan levantar las pizarras sucede algo escalofriante; miles, millones, ¿qué digo? miles de millones de insectos de todo tipo (todos japoneses, cabe observar) empiezan a salir por todos los rincones y agujeros de las aulas, se suben a las pizarras y empiezan a corretear sobre ellas. Incluso algunos, los más fuertes, se atreven a levantar las tizas y arrastrarlas por encima. El rechinar entra por los dientes y se mete hasta el tuétano: es ensordecedor.
Los pocos alumnos que se sobreponen al horror deciden coger los borradores y las sillas y atacan a las pizarras infestadas levantando una tremenda nube de tiza e insecto picado, pero pronto se dan cuenta de que es una batalla perdida. Todos el mundo, estudiantes, docentes y demás aves o mamíferos deciden alejarse del edificio. Alertados por el agudo estruendo, la policía y los servicios sociales han llegado ya y han acordonado la escuela. Pero el sonido insoportable va en aumento y empieza a hacer mella en todo el mundo. Los ataques de nervios se suceden. El cerco ha de ser ampliado una y otra vez. Además llegan malas noticias: no es la única escuela en la que está ocurriendo...
A los seis días no queda en las islas ni una escuela, autoescuela, academia, centro docente, instituto, facultad, universidad o taller de cocina que no esté infestado. Incluso algunos bares de tapeo han tenido que cerrar al ser atacadas las pizarras de sus menús. En días de viento el rumor llega hasta la costa de China. Corea está en alerta roja. Científicos, biólogos y entomólogos de todo el mundo cobran horas extras teorizando sobre la situación. En Japón se han acabado los calmantes y los tapones de cera. El diez por ciento de la población se ha arrancado las orejas. Sólo los sordos siguen trabajando y se hacen con el control de la economía del país.
La frase "castigado de cara a la pizarra" adquiere un significado espeluznante.
Lejos, en la Cerdanya catalana, los propietarios empiezan a sustituir los techos de sus casas por uralita...
 Pon a salvo tu pizarra. Están a la caza.
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