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Nací y me crié en la ribera de Navarra. Antes de venirme a Cataluña con 19 años pasé 8 en Pamplona. Durante los 3 primeros estuve interno en un colegio donde había chavales de todas las merindades forales, riberos, zona media y montañeses. Convivíamos sin más problemas de los que se tienen típicamente a esta edad y aprendimos inconscientemente que Navarra es una comunidad con, al menos, 2 culturas muy diferentes y todo lo que resulta de su mezcla entre ellas y las de alrededor pero eso no era un problema, todo lo contrario.
Nuestros enemigos no eran los españolistas o los separatistas vascos, eran los cocineros del cole que nos daban una comida de mierda o los curas, que nos jodían vivos empeñados en no practicar la piedad que predicaban.
Aprendí con ellos a jugar a pelota a mano, a pala, a pala corta y jugando dobles hacíamos buenos equipos por que el carácter ribero, vivaracho y zorro en la delantera se compenetraba a la perfección con la resistencia y la pegada demoledora de los zagueros de la montaña innegablemente vascos. Saltaban chispas de energía juvenil en aquellos partidos que tanto nos ayudaban a combatir el tedio gris del colegio de curas.
Recuerdo perfectamente que la política irrumpió sin aviso en nuestras vidas y gracias a la estupidez humana de la noche a la mañana si eras de la montaña eras 'pro-etarra-borroka' y si eras de la ribera eras 'facha', sin más contemplaciones ni interés en profundizar en esas mentiras. Éramos simples chavales y se acabó lo de jugar a pelota despreocupadamente.
Entre el colegio y el instituto al que pasé después, había la caserna de la Guardia Civil. Los hijos de esta gente iban a mi instituto y recuerdo quedarme solo en clase con uno de estos chicos por negarnos a acudir a una manifestación de soporte a un etarra que había muerto mientras colocaba una bomba como recuerdo que no se hacían manifestaciones cuando ETA mataba a alguno de los padres de esos chavales.
Fueron años muy duros a todos los niveles pero sobre todo fuimos cobardes, dejamos que las cosas fueran ocurriendo sin plantar cara y unos pocos se apoderaron de toda una sociedad a base de terror. Lo que tuvo un origen político pasó a ser solo un ejército de mercenarios con un aparato político comprado a punta de talonario, la parte cara, lavando el cerebro a niñatos, la parte barata y matando cobardemente a punta de pistola por la espalda. No son nada más hoy en día.
Todo lo que dicen defender lo han jodido ellos, la patria vasca les importa una mierda, la convivencia con Navarra la destrozaron obviando nuestra rica diversidad cultural y de lo que entienden por 'derechos' y 'democracia' sobra hablar.
Es cierto que nuestra democracia, por las razones que sea, en ciertos momentos deja de serlo obcecada y estúpidamente pues si es el gobierno del pueblo no entiendo por que no se puede decidir en unas urnas, tranquila y humanamente, el destino de una cultura como la vasca, la catalana, la andaluza o la que sea. Este es el único clavo al que se aferran quienes defienden la violencia, todo el resto de justificaciones que aducen son insostenibles a la luz de la razón aun sabiendo que la razón no es algo empírico, que requiere de matices complejos.
Los políticos nos han convertido en puro eufemismo permitiendo no solo apologías de la violencia sino su realización misma y lo más triste de todo es que la mayoría de las veces por puro interés. Para mi la misma cosa es Arnaldo Otegui que Jiménez Losantos, fascismo en estado puro.
Cualquiera puede entender unas cuchilladas en una acalorada reyerta, un muerto en el tiroteo entre la policía y los atracadores de un banco pero hay tres cosas que no me entran en la cabeza, el abuso de menores, el maltrato a mujeres y el asesinato a sangre fría.
Se me ha educado, acertadamente creo, para pensar que nadie tiene derecho a quitar la vida a otra persona, la pena de muerte incluso para asesinos despiadados me parece una salvajada aunque cuando me hierve la sangre me dan ganas de replanteármelo. Eso si, la cadena perpetua real, sin excusas de enajenaciones mentales, no me parece nada desmedido para quien se salta cualquiera de esas tres reglas mínimas. La calle es para las personas, ellos no lo son.
Me gustaría una segunda oportunidad para este país pero me temo que la insensatez y el oportunismo va en los genes de quienes nos hemos criado en la piel de toro. Soy ya viejo para jugar a pelota y quien sabe donde andarán mis compañeros del colegio.
La vida es injusta, la familia de Isaías Carrasco lo ha aprendido duramente. Mi desasosiego está con ellos.
A mi hija le digo que no vale la pana odiar a nadie por poca cosa, que el odio real se ha de reservar para quien realmente lo merece.
Como odio a todos esos asesinos y a quienes lo justifican. |